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inicio

Pierre Cardin ya piensa en cuánto vale su imperio

Pierre Cardin estaría dispuesto a vender su compañía. Hace casi un año, el diseñador francés contaba a la revista profesional WWD que no estaba necesitado de vender la empresa, que se autofinanciaba totalmente y que tenía un nombre “que es magia”. Sin embargo, ha recibido una oferta y lo esta pensando.

Su emporio cuenta con todo tipo de productos como ropa, complementos, muebles, restaurantes, hoteles... y hasta comida, entre los numerosos productos que licencia. Por ello, en mayo del año pasado declaró al magazine estadounidense que había recibido una oferta, que discutió, pero rechazó porque, como comentó entonces, “un billón de euros no es suficiente. Si calculas todos los productos en todos los países, mi valor es incalculable”.

Pierre Cardin
Pierre Cardin

Ahora parece que por fin ha sido capaz de calcular ese valor. Y... ha cifrado su negocio, precisamente, en ese billón de euros del que renegó hace un año. ¿Será por la crisis económica? ¿O por el intento fallido de venta de Roberto Cavalli? Sea como sea, Pierre Cardin parece no tener prisa en vender su compañía.

El Imperio y su emperador

El imperio Pierre Cardin, que cuenta hoy 850 licencias en más de 170 países, tiene 200.000 empleados y se extiende a los sectores de la moda, los restaurantes (Maxim's), agencias de viajes y tiendas de especialidades gastronómicas, la perfumería, la hotelería, el diseño y la cultura (con el Espacio Cardin de París y el castillo Lacoste en la región de Luberon, sur de Francia).

Empresario, miembro de la Academia francesa de Bellas Artes, embajador honorario de la UNESCO, Pierre Cardin sigue siendo, ante todo, un hombre apasionado por la moda. "La moda para mí es una actividad de todos los días, es mi droga", dice.

A los casi 87 años el estilista da pocas entrevistas, Una de las que se puede consultar en Internet es la que en enero del 2001 le realizó el Financial Times de Londres.

Leamos algunos párrafos:

“Por momentos, el imperio parece estar un poco deshilachado en los bordes: en las oficinas de Cardin los CD y los videos están en una especie de cajas de zapatos de cartón; y la alfombra revela su mucho uso. Pero a los 79, el diseñador no da señales de aquietamiento.

Pierre Cardin confiesa "soy feliz cuando trabajo, nada me aburre, es en el trabajo que encuentro mi equilibrio. Para mí, esto no es trabajo, es la vida".

"La gente trabaja para después poder ir al teatro, o a bailar, o comerse un chocolate; pero para mí, eso es mi trabajo. No me tomo vacaciones porque todo es placer. Cada licencia que tengo, la diseño yo mismo.

La gente cree que eso no es posible, pero, mire: en 30 segundos puedo dibujar una mesa. Zas."  Ha enarbolado un marcador verde, y trazado un objeto cuadrangular en el papel del mantel. "Y luego lo hacemos". Puedo dibujar una corbata, ¡y ya! Eso es porque tengo un estilo; usted lo puede reconocer, es siempre el mismo."

"Hoy hay muchos imitadores que hacen el siglo XVI o el siglo XVII; pero uno ve un Rembrandt y sabe que es un Rembrandt, ve un Picasso y es Picasso, Shakespeare es Shakespeare. Y Cardin es Cardin, y yo vengo siendo Cardin desde que tenía veinte años".

A los veinte fue cuando Cardin (que por origen es italiano, ya que sus padres emigraron a Francia en 1926, cuando el tenía cuatro), se mudó a París y encontró un puesto en la casa de modas Paquin, haciendo vestuarios para Jean Cocteau. Siguieron luego las incursiones en Schiaparelli y Dior hasta que, en 1950, el abrió su propia maison. Seis años más tarde, lanzó la pionera ropa "lista para usar", lo cual le valió ser expulsado de la Cámara Sindical (un primer exilio que sólo duró tres años) porque, dice ahora, quería llevar la moda a las secretarias. En 1959, se convirtió en el primer diseñador occidental que hizo un desfile en Japón. La idea de las licencias se le ocurrió en 1954.

"Toda la plata se me iba en los desfiles, y yo necesitaba hacer algo comercial para mantener a mis 400 empleados", dice. "Así que encaré a un amigo que tenía una empresa de corbatas, y le dije ¿por qué no diseño algo y vos lo producís? Fue un éxito fantástico, eso de las corbatas. Así que luego pensé ¿por qué no camisas, pantalones, cualquier otra cosa?".

El resultado es un grupo de productos que según asegura alcanzan un giro anual de unos mil millones de dólares. Cómo esto se traducirá en valuación empresaria es algo que no está claro, pero según Cardin: "Cuando uno piensa en lo que dicen que vale Gucci, y no tiene nada más que un vestido y una cartera... ¡Bueno! Piense en lo que yo tengo. Y yo puedo hacer cualquier cosa".

Pero éste puede ser, precisamente, el problema. En el mundo actual de la moda, más es menos, decididamente, y las pródigas licencias Cardin, que abarcan de todo, desde sardinas y chocolates hasta los artículos de moda más costosos y exclusivos, han abaratado su nombre.

Cardin puede estar entre las diez marcas más reconocidas del mundo, pero la mayoría de sus pares entienden que ha entregado calidad por cantidad, sacrificando en ese proceso su alma de diseñador. El, por cierto, lo enuncia de otra manera: ¿por qué un objeto de diseño no debería estar al alcance de toda la gente que sea posible? "Una corbata es diseño, una caja de chocolates es un diseño, una lata de sardinas. ¿Cuál es la diferencia?" dice. Lo más importante no es que algo sea caro sino que sea creativo.

"Durante la guerra, si alguien me ofrecía una lata de sardinas o una corbata, yo elegía las sardinas. Y todavía me gustan las sardinas. No serán chic, pero son honorables, y si alguien no entiende esto es porque es alguien de poca inteligencia, de poco carácter."

¿Diría el entonces que en el mundo de la moda hay gente de poco caracter?
"No soy yo el que lo tiene que decir", replica, revoleando la mirada.

Lo que sí dice es que el es el último de una camada. "Ya no hay nadie como yo a la cabeza de su propia casa internacional", asegura. "Ahora, las grandes casas son dirigidas por banqueros, no por creadores. Ningún otro nombre existe desde hace 50 años; soy el último. Pero no me preocupa, el nombre seguirá. Es muy poderoso" –concluye.